miércoles, 3 de marzo de 2010

Cuaderno de Bitácora 15

Las 12 de la noche del 4 de marzo del año de gracia de 2010, fuera está oscuro, supongo. Sigo trabajando, pero ya termino. Desde el 18 de febrero que no escribo, muchos compromisos, mucho trabajo, visitas de amigos y alguna que otra fiesta: la del año nuevo chino en casa de C. Comida china, vino chileno, lectura de manos, horóscopo chino (que yo creía que era buey y ahora soy rata por unas horas) vestidos de rojo con algo dorado. ¿Cómo me fue la lectura de manos? Bien ¿Qué me depara este nuevo año del tigre de metal? De todo. ¿Qué queréis? No pienso comentarlo, al menos de momento, ni por bueno ni por malo, las cosas son como son y pasan cuando pasan, a veces no pasan, pero uno, a veces, desea que pasen, otras no, pero lo más seguro es qué quién sabe. Nunca me habían leído las manos, es toda una experiencia, hace pensar, no por lo que dicen o callan, es más por lo que oyes o crees escuchar. Éramos varios, toda una escena de teatro, distribuidos por el salón esperando turno, intentando oír que le dicen a los demás ¿En que me afecta eso a mi? Risas nerviosas, miradas furtivas. Relaciones, reacciones humanas en fin, futuro al final para combatir la rutina diaria que luego tanto añoramos.

Añoranza ¿Qué es? Tragar saliva, desempañar las gafas y seguir.

Historia, si, menuda historia ¿De cuantas formas se puede contar la historia, una historia, todas las historias? ¿Cuantos cuentos os sabéis?

¿Se entiende lo que escribo? No, mejor.

Hablé con la Compañía de Teatro “Ojo de Agua”, con los que ya había contactado hace meses, y seguramente comenzaremos a trabajar juntos sobre la obra “Siempre son otros” si estrenamos os invito. Es broma, ya no me gusta, o al menos una parte.

Chao

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