Queríamos pasar el fin de semana feriado (9, 10 y 11 de octubre)en un Spa, tranquilos y relajados, alejados del bullicio y de las complicaciones de la capital, celebrar nuestro aniversario y de paso hacernos un poco de chapa y pintura (R. tiene desde hace días una ciática importante y yo sigo con mi rodilla desecha, si la derecha)
El jueves reservé una habitación en el “Samari Spa Resort” de Baños de Agua Santa, provincia de Tungurahua, obviamente yo no elegí el nombre de ninguno de los sitios, se llaman así y ya está.
Los famosos baños, al pie del volcán Tungurahua (5016m), que por cierto está activo, distan de Quito unos 180 Km, o bien casi 4 horas de coche o carro, preferiblemente 4x4.
Llegamos como estaba previsto sobre las 12.45 horas y Primer Susto, yo le dije a R. si es de noche no entras aquí, y me obligas a buscar otro sitio,
R. se reía; nos inscribimos, dejamos las maletas, entramos en la habitación y cuando abrimos la puerta del baño grité: ¡HUUUUU! Me lo pedía el cuerpo. Haber la casa es una especie de palacete centroeuropeo, que no se que pinta en mitad del Ecuador o lo que es lo mismo en la mitad del mundo, a escasos kilómetros del inicio de la selva amazónica
Todo oscuro, sin luz, lleno de trastos antiguos, yo esperaba que Morticia apareciera en cualquier momento junto a “Cosa” para darnos la bienvenida.
Fuimos al comedor, nos sentamos y SEGUNDO SUSTO: TERREMOTO DE 5,2 Espectacular, cómo se movía todo y que ruido, y la cara que se te queda (y ya viví alguno en El Salvador). No pasó a mayores, todo siguió en su sitio; comimos, siesta y a la piscina, a darnos masajes a recorrer el circuito de aguas termales…. A la mierda, perdón, el agua de la pileta estaba helada, el local rebosaba de niños poseídos por quien sabe que maleficio o secta, gritaban y se lanzaban como “bombas” humanas contra el liquido elemento de tal forma que los muros de piedra apenas lo contenían en su interior, los padres agolpados en los bañeras de hidromasaje no les hacían el más mínimo caso. Estuvimos media hora callados, nos miramos y salimos huyendo del infierno. Nos quejamos, vino Morticia, no pidió disculpas, nos dijo que cuando hay feriados suspenden las actividades del spa para convertirlo en un hotel familiar, de lujo, pero familiar, que era una pena que no nos hubieran avisado, que con los europeos siempre pasa lo mismo, que no terminamos de acostumbrarnos, que…
Nos fuimos al pueblo que estaba en fiestas, volvimos, cenamos, dormimos y con el nuevo día iniciamos el regreso a Quito.
Subimos al mirador
Esto es lo que se ve desde el mirador, Baños de Agua Santa desde arriba, y bien arriba. Obvio.
Luego continuamos camino hacía Quito parando antes en Ambato
Toda la ciudad vestida con los colores de la tricolor, selección ecuatoriana de futbol, y las caras pintadas con los mismos colores, aguardaba impaciente el inicio del partido contra Uruguay que les clasificaría por tercera vez consecutiva para unos mundiales.
Llegamos a Quito para ver perder a Ecuador 1-2. ¡Qué chasco! Ni salimos por la noche, no estaba el tema para tonterías.
Ya seguiré con las aventuras, ahora debo salir para la Residencia del Embajador Español para celebrar Nuestro Día Nacional junto a otro montón de expatriados y autoridades locales.
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