Buscar un lugar en el mundo no resulta fácil. A veces estás aquí, a veces estás… ¿Dónde estoy hoy? faltan cinco minutos para el mañana. Hoy es martes, miércoles en cuatro minutos. ¿Dónde estaré mañana?
Tres minutos para decidir.
Estoy en Quito, quisiera estar en Madrid; hoy quise estar en Madrid, mañana quiero estar en Madrid. ¿Y aquí? ¡Quiero estar en Madrid!
Me siento como un huido, como un escapado de la catástrofe que se cierne sobre mi pasado, sobre mi futuro, sobre la vida que tuve, sobre la que me quitarán. Sobre todo lo que quiero, sobre todo lo que soñé.
¿Quién ocupo mi lugar? ¿Quién lucha por mí? ¿Quién grita por mí?
¡Es una pesadilla!
¿A quién le doy mi mano?
Quiero vestir de negro, quiero gritar con los mineros, quiero ser reprimido, gaseado, desahuciado, parado, joven, enfermo… quiero que me quiten derechos como a casi todos.
Quiero, como todos mis conciudadanos, que gentes a las que no conozco, a las que juro que nunca elegí, y apoyada por otros que olvidan representarme, me diga como tengo que vivir, en que tengo que invertir mi trabajo, mi tiempo, mis ideas… Quiero que me atemoricen, que me quiten la esperanza, que me insulten, que me acusen de ser culpable de todo, que me amenacen… que me salven del caos que ellos crearon.
No soporto la idea de ser un miserable observador de una realidad conformista, desesperanzada, atemorizada, indigna.
Estoy en Quito, indignado conmigo mismo, y pensando en Madrid lleno de ira. Perdón solo un poco enfadado, acabo de recordar que “Quién bien te quiere te hará llorar”.
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