Un mes y cuatro días desde el último cuaderno. San Isidro en Quito, es sábado y no es fiesta. Hace sol, pareciera que ha llegado el verano, acabaron las lluvias.
No hay muchos cambios acá, quizás después de casi un año todo sorprende menos o apetece menos contarlo.
Seguimos con atención y asombro las noticias que llegan de Europa y España. Estupor es la palabra. Si, estupor. Todo vale, al parecer, para cerrar las cuentas, para cerrar la historia ¿Para acallar las quejas? ¿Habrá quejas? ¿Y ahora qué? ¿Un giro a la derecha? No tenemos remedio, desde que todos somos capitalistas…
Desde hace dos semanas tenemos en Quito “Pico y Placa” yo los lunes de 07.00 a 09.30 horas y de 16.00 a 19.30 no puedo circular con el “carro” por quito, así que me quedo en casa.
La última semana de abril celebramos los 100 Años de la Cruz Roja Ecuatoriana, con invitados del mundo mundial, cenas, actos solemnes, turismo, amigos, compromisos.
Celebramos también el día de Europa, el día de la Reina de Holanda… nos juntamos en varias ocasiones para celebrar que seguimos juntos, la pandilla, para hablar, para estar juntos, por no estar solos y compartir algo, hablar de trabajo, hacer planes.
Comienzan los planes de vacaciones, no los nuestros que de momento no tenemos.
Ya estamos instalados y asentados en la nueva casa, más cálida que la anterior, y realizando pequeñas adaptaciones de la misma a nuestras necesidades y/o manías.
Los amigos del exterior deben de seguir bien, cada vez tenemos menos noticias suyas, a todo se acostumbra uno, supongo, incluso a la ausencia o la distancia. Yo no, pero esa es otra historia, y me como en silencio los silencios, tomo café en la distancia con amigos a los que añoro y a veces un café en compañía me vendría de perlas o incluso muy bien. Hablar de esto y de aquello, de lo uno y de lo otro, de nosotros.
El fin de semana pasado viajamos a Cuenca con C.,L. y R. una experiencia interesante, un lugar precioso y distinto a Quito y Pichincha. Sur de los Andes ecuatorianos, páramo, indígenas, altura, amabilidad… Estuvimos también en El Cañar lugar que al menos debería de sonar a la mayoría de los españoles por provenir de ésta provincia ecuatoriana la gran mayoría de los emigrantes que viven y trabajan en España, algo así como nuestra Galicia.
Nos alojamos en el hotel “Santa Lucia” y desde allí pudimos recorrer parte de los lugares más interesantes de la provincia gracias a I. a su marido y a S, nuestro chofer.
La próxima semana fotos del departamento.
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