Por cinco meses he intentado mantener este blog abierto luchando muchas veces contra la pereza, buscando la mejor forma posible de contar lo poco que me pasaba en el día a día, lo mucho que me pasaba por la cabeza, lo que veía o creía ver, lo que sentía, lo bien o mal que me sentía, huyendo de la esquizofrenia que supone escribir y leerme, única forma de feedback factible al parecer, censurándome, y creo que este es el momento de poner fin al mismo.
He intentado mantener vivo un enlace de comunicación que principalmente yo necesitaba pero creo que esto me hace más daño que beneficios consigo.
Siempre he tenido interés, mucho, igual no he conseguido manifestarlo, por la gente que me rodea, por aquellos a los que quiero, por teneros cerca, por oír, por estar.
En estos cinco meses he intentado “ganarme” la vida en Quito de la mejor forma posible, aceptable para la mayoría de la gente que me rodea y a la que quiero: buscando ocupaciones, interesándome por todo, por todos, presentando proyectos, conociendo la ciudad, sus gentes, oyendo, mandando copias a diestro y siniestro de mi “obra dm” a profesionales y amigos, concursando en oposiciones, acudiendo a los actos sociales a los que me invitaban o me invitaba, haciendo turismo, jugando al golf, escribiendo este blog… Los resultados no son los esperados tan solo he conseguido algo positivo escuchando y mirando; la mayoría de los CV que envié nunca fueron contestados, solo dos, la mayoría de la gente que recibió la “obra DM” nunca opinó, solo tres; igual pasó con los proyectos, solo uno; me sacaron de la oposición porque cualquier ecuatoriano hace mejor las cosas que yo mismo, otros 23 años de servicio tirados, y que conste que esto dice poco de mí y mucho de los ecuatorianos; y así las cosas… Pues que vuelvo a los orígenes, al silencio, a la introversión, a mi. No podría explicarlo, tampoco podemos mirarnos a los ojos y comprender, queda la confianza.
La costumbre obliga a los españoles que viajan a las Américas a guardar silencio hasta su triunfo. ¿Y si no triunfan? Silencio
Entre lo que no puedo contar, lo que no debo contar, lo que no se como contar y lo que no quiero contar… Me quedaban las pequeñas cosas, pero esas ya no son importantes, hace tiempo que no cuentan, y no quiero, no puedo renunciar a ellas, porque son mis cosas y después de años he comprendido que son las que me importan, no sirven de mucho, a las pruebas me remito, pero son mías y quiero guardarlas. Uno siempre vuelve a esos viejos sitios donde amo la vida.
Ayer estuve en un cumpleaños, la pasé tremenda, acá como en toda América pasarlo bien es femenino, ¿por qué será?, tragos, canciones, guitarra, buena gente a la que acababa de conocer…
Entre trago y trago, canción y canción, tomé las siguientes notas:
“…Si no creyera en el deseo, si no creyera en el futuro, si no creyera en lo que creo, si no creyera en los que luchan…”
¡Creo! pero a mi manera, gracias de nuevo por estos cinco meses de acompañarme en silencio, como durante tanto tiempo hice yo, esto fue todo, un gusto como dicen en el Río de la Plata, desde Quito, Yago. Besos
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