Al Sur las penas son menos, o más, por lo habitual, o menos por el calor, o más cuando llega el invierno lluvioso y deprimente, o menos con la “guajira” “el pasillo” “la Marimba” “la salsa” “el Bambuco” “la Cumbia” “el son” y el ron. O más en la altitud infinita de la sierra, la kena y su silbante lloro, los paramos andinos envueltos en cobijas de lana y alpaca bajo sombreros de copa redonda, callados, discretos, curtidos mirando de frente y desafiantes su vida conquistada sin futuro.
He recordado en varias ocasiones desde que estoy acá algunas de las canciones que aprendí de joven, durante mi movida madrileña, y que luego he cantado o tarareado por la bajines en ciertos momentos creo que apropiados, al menos para mi, y en especial una tonada de Atahualpa Yupanqui “PREGUNTITAS SOBRE DIOS” que más o menos dice así en algunas de sus estrofas “Un día yo pregunté: Abuelo, dónde está Dios. Mi abuelo se puso triste, y nada me respondió… Y que nadie le pregunte si sabe donde está Dios. Por su casa no ha pasado tan importante seño… Hay un asunto en la tierra más importante que Dios. Y es que nadie escupa sangre pa que otro viva mejor. ¿Que Dios vela por los pobres? Tal vez sí, y tal vez no. Pero es seguro que almuerza en la mesa del patrón.”
Creo que hoy, como siempre, solo queda militar en la libertad, el respeto, la justicia y la reivindicación revolucionaria humana y social de las gentes como nosotros, ser uno, ser todos. Hace unos días asistí indignado a la disertación xenófoba, racista, absurda y sin rigor de un “prestigioso” periodista o junta letras español que exaltó los valores, modos y explotaciones del primer mundo sobre el resto de las personas. No hay peor tonto que aquel que considera como naturales las cosas inventadas o impuestas por el hombre. ¿Qué pronto olvidamos? ¿Con qué poco nos damos por satisfechos? ¿Somos gentes que solo desean su pan, su hembra y la fiesta en paz? ¿No hay más? Mientras en España cantábamos a la “Libertad sin ira” en América intentaban “Vencer” “Unirse” “Desalambrar” vivir con dignidad, progresar, evolucionar o revolucionar una vida sin sentido, sin futuro.
Libertad ¿Libertad?
Gala del Vino en Quito, obviamente fui, voy a tantos sitios, hablo de tampocos, me callo tanto a pesar de que escribo de continuo, ¿Por qué solo cuento anécdotas tontas y absurdas? Veo, veo tanto, hago tan poco, a veces me siento tan mal, tan mal… si lloro, por fin, Lo digo, que sepáis que lloro ¡Lloro! ¡No me avergüenza! Esto no es tan fácil, no es fácil Ana Belén, no es fácil, no hay tanto glamur. Es tanta la impotencia, la rabia contenida, los modales aprendidos y la propia situación personal de “invitado” en la que estas te frenan y carcomen por dentro, aguantar el tipo y sonreír, estar al margen, repartir caramelos, dulces, y quedarse con el amargor, enfermar… Salí a fumar a la calle, yo soy blanco y europeo, un señor, entro y salgo cuando quiero, frente a los grandes ventanales de la casa de la cultura cuatro figuritas negras, tiznadas, desnutridas, bajitas, de grandes ojos reían observando asombrados el absurdo comportamiento de los “señores” y “señoras” del otro lado de la barrera transparente que bebían y escupían vinos de más 50 o 100 dólares usa. Junto a la puerta de acceso una “cholita” vende las golosinas y el tabaco que amontonadas en una pequeña y desvencijada mesita plegable son todo su negocio, salió un “señor” le pidió un cigarrillo, le pidió un fosforo, prendió el cigarrillo, se fumo el cigarrillo y volvió a entrar. Me dieron ganas de… mis ojos llenos de ira se cruzaron en ese momento con los ojos de un muchacho indígena muy delgado, con larga trenza,que observo como yo la situación, y creí entender que me decían que aquello no era cosa mía. Llovía y a mi se me atragantó todo el vino y la cata, como siempre, qué más da, el vino, la comida, el día…
Quizás me reconcilie con los boleros “… cuando pienses en mi encuéntrame en las cosas más sencillas, en esas cosas leves y profundas, encuéntrame en el viento y en el arco celeste de la tarde y llénate de estrellas las mejillas, cuando pienses en mi, cuando pienses en mi, cuando pienses en mi. Seguramente es algo que se pierde en el recuerdo, seguramente es algo que se tiene entre las manos, seguramente es tú mirada dejándose querer como la música.” (Héctor Napolitano).
Señoras y señores, otro día en Quito, sobre el Pichincha anocheció en rojo, en rojo casi libre, llueve.
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